Tono-Bungay
Tono-Bungay Se me ocurrió una idea práctica en medio de toda aquella confusión. ¿Habría oído alguien el disparo?
Volví a cargar el arma. Al cabo de un rato me sentí más seguro y dediqué de nuevo mis pensamientos al hombre que había matado. ¿Qué debía hacer?
Se me ocurrió que quizá debiera enterrarlo. De cualquier forma, tenía que esconderlo. Reflexioné fríamente y luego dejé mi rifle al alcance de la mano y lo arrastré por un brazo hacia un lugar donde el barro parecía blando, y lo arrojé ahí. Su cuerno de pólvora escapó de su asidero, junto a su taparrabo, y me incliné para recogerlo y arrojarlo con el cuerpo. Luego lo apreté hacia abajo con la culata de mi rifle.
Más tarde, todo aquello me pareció de lo más horrible, pero en aquel momento se trataba de una simple transacción. Miré a mi alrededor en busca de alguna otra evidencia visible de su destino, lo hice del mismo modo con que miraría uno en busca de alguna prenda olvidada cuando hace sus maletas en la habitación de un hotel.