Tono-Bungay
Tono-Bungay Mientras reviso el grueso montón del manuscrito ante mÃ, algunas cosas se me hacen más claras, y particularmente la enorme inconsecuencia de mis experiencias. Se trata, me doy cuenta ahora que la tengo toda ante mÃ, de una historia de actividad y premura y esterilidad. La he titulado Tono-Bungay, pero hubiera sido mucho mejor titularla Desperdicio. He hablado de la yerma Marion, de mi yerma tÃa, de Beatrice, desperdiciada y pródiga y fútil. ¿Qué esperanza hay para un pueblo cuyas mujeres se vuelven estériles? Pienso en todas las energÃas que he dedicado a cosas vanas. Pienso en mis industriosos planes con mi tÃo, en la enorme inutilidad de Crest Hill, en su resonante y tenaz carrera. Diez mil hombres lo envidiaron y desearon vivir como él vivió. Es todo un espectáculo de fuerzas corriendo hacia el desperdicio, de gente que se gasta y no es reemplazada, la historia de un paÃs turbulento con una desordenada fiebre de comercio sin ningún objetivo y de dinero y de búsqueda del placer. ¡Y ahora construyo destructores!