Tono-Bungay
Tono-Bungay Y en una ocasión (aunque sea la cosa más fortuita de mi vida), maté a un hombre…
SÃ, he visto una curiosa variedad de gente y formas de vivir. Todos extraños, los importantes y los insignificantes, muy parecidos en el fondo y peculiarmente distintos en su superficie. Me hubiera gustado llegar un poco más lejos, hacia arriba y hacia abajo, teniendo en cuenta lo mucho que he logrado abarcar hasta ahora. Debe de valer y debe de ser muy divertido conocer a la realeza. Pero mi contacto con prÃncipes se ha visto limitado a ocasiones públicas; tampoco en el otro extremo del escalafón social he tenido lo que podrÃamos llamar una relación profunda con esa indeterminada aunque atractiva clase de gente que va por las carreteras borracha pero en famille (redimiendo asà el pequeño desliz) en verano, con un cochecito de niño, espliego para vender, niños bronceados por el sol, mal olor y ambiguos fardos que encienden la imaginación. Peones, jornaleros, marinos y fogoneros, todos los clientes de las tabernas que proliferaron desde la ley de 1834, también están lejos de mÃ, y supongo que seguirán asà ahora y siempre. Mis relaciones con la nobleza también han sido insignificantes; en una ocasión fui de caza con un duque, y en un arranque de lo que sin duda fue esnobismo, intenté darle en las piernas. Pero fallé.
Lamento no haber tenido contacto con todas las variedades sociales, sin embargo…