Ethan Frome
Ethan Frome Mientras caminaba por la nieve, el sentido de tales significados brillaba en su mente fundido con la exaltación física causada por la dura caminata. Se detuvo al final del pueblo, ante la fachada oscurecida de la iglesia. Se quedó allí un momento, jadeante, mirando a un lado y otro de la calle, por la que no se veía un alma. El talud del camino de Corbury, bajo los abetos del abogado Varnum, era la zona favorita de Starkfield para deslizarse en trineo; los días claros, al anochecer, en la esquina de la iglesia resonaban hasta tarde los gritos de los que se deslizaban por allí con sus trineos; pero aquella noche ni un solo trineo oscurecía la blancura de la pendiente. La quietud de la media noche cubría el pueblo y toda su vida despierta se agrupaba tras las ventanas de la iglesia, de donde llegaban los compases de música de baile con anchos haces de luz amarilla.
El joven bordeó el edificio de costado y bajó por la pendiente hacia la puerta del sótano. Para mantenerse fuera del alcance de la delatora luz del interior, dio un rodeo por la nieve intacta y se fue acercando poco a poco al ángulo extremo de la pared del sótano. Luego, aún oculto en la sombra, fue avanzando cautamente hasta la ventana más próxima, manteniendo el cuerpo a cubierto y estirando el cuello hasta que pudo ver el salón.
