Santuario
Santuario —Porque también él se lo da —respondió la muchacha de inmediato—. Porque para él se trata de la respuesta definitiva a sus propias dudas, a la pregunta de si llegará a ser alguien o no. Él dice que si hay algo especial en él, es ahora cuando debe aflorar. Todas las condiciones le son favorables, y ésta es la ocasión que siempre ha estado esperando. Como puede observar —continuó con un tono casi confidencial pero sin perder lo más mÃnimo la compostura—, me ha contado muchas cosas acerca de sà mismo y de sus muchos proyectos, de sus momentos de indecisión y de rabia. Hay infinidad de talentos efÃmeros por el mundo, y cuanto antes se vean derrotados por las circunstancias, mejor. Pero me da la impresión de que él tiene realmente algo en su interior que puede hacerle destacar. Es como si el problema estuviera en su carácter y no en su talento. Y eso es lo interesante, lo que más me atrae. No se puede enseñar a un hombre a tener talento, pero si ya lo posee, sà que se le puede enseñar a utilizarlo. Y ahà es donde entro yo, ¿sabe? Para lograr que esté a la altura de sus propias posibilidades.