Santuario
Santuario ¿HabÃa sido quizá, se preguntaba, la misma disolución de esa nube —tan remota y poco amenazadora— lo que le aportaba ahora esa nueva serenidad a su firmamento? Resultaba espantoso pensar que la mayor sensación de seguridad tan sólo escondÃa un mero deseo de huida, que la felicidad no era más que el aplazamiento temporal de un castigo. La malsana obstinación en semejantes ideas se vio acentuada por la proximidad de Peyton. Él poseÃa el don de devolver las cosas a sus proporciones normales, de franquear los abismos de la vida a través del cerrado túnel de una indiferente alegrÃa. Todo lo que en ella pudiera haber de agitado y dudoso se derrumbaba en su presencia, y se sentÃa dichosa de contemplar su amor como una bendición que comenzaba justo donde concluÃan los quehaceres del intelecto. Hoy se encontraba, más que nunca, en este estado de encantada entrega. Más que nunca, él parecÃa ser la clave del acuerdo entre ella misma y la vida, el centro de una encantadora complicidad. Era imposible mirarle y no percibir que el viento siempre soplaba a su favor.