Santuario
Santuario Gill, mientras tanto, al teléfono, había llamado a la casa de los Verney, y ahora estaba preguntando si su socio cenaba allí. La respuesta fue evidentemente afirmativa, y poco después Kate supo que estaba hablando con su hijo. Ella permaneció sentada, inmóvil, con las manos firmes sobre los brazos de su sillón, la cabeza erguida, en una actitud de obvia atención. Si iba a escuchar, lo haría abiertamente. No debía existir sospecha alguna de que se dedicaba a espiar a escondidas por detrás de las puertas. Gill, concentrado en su mensaje, probablemente ni notaba su presencia, pero si hubiera vuelto la cabeza no habría tenido la menor dificultad en verla y en darse cuenta de que ella podía oír lo que estuviera diciendo. Gill, sin embargo, tal y como ella recordó de inmediato, desconocía que existiera la más mínima necesidad de mantener en secreto su conversación con Dick. Había visto a menudo cómo se discutían los asuntos del estudio delante de la señora Peyton, y pensaba que ella estaba al corriente de todos los detalles del trabajo de su hijo. Así que él hablaba despreocupadamente, y ella escuchaba.