Santuario
Santuario En su paseo por las habitaciones, llegó por fin al estudio de Dick. Estaba lleno de recuerdos de su niñez: podría trazar la historia de su pasado gracias a aquellos objetos y a sus extrañas reliquias, a los libros de texto que continuaban en sus atiborrados estantes, a las fotografías del colegio y a los trofeos de la universidad, que se encontraban entre sus tesoros más recientes. Todos sus éxitos y todos sus fracasos, sus alegrías y sus imperfecciones… Todo había quedado registrado en aquella cálida, atestada y heterogénea habitación. Por todas partes podía ver las pinceladas de su propia mano, los vestigios de sus propios pasos. Tan sólo ella tenía las claves de acceso al laberinto. Sólo ella podía abrirse paso por entre la confusión y las contradicciones de su pasado, y su alma rechazó entonces la idea de que el futuro de su hijo pudiera escapar para siempre de sus manos. Se dejó caer en su raído sillón de la universidad, y ocultó el rostro entre los papeles de su escritorio.