Santuario
Santuario Ella se dejó caer ante él, estremecida, tapándose los ojos como si deseara apartar de sà aquella horrible visión:
—¿Se habÃan ahogado?
—SÃ.
—Pobre criatura. ¡Pobre criatura!
Permanecieron en silencio un breve instante. Los minutos cavaban un abismo entre ellos, hasta que él pronunció unas cuantas palabras irrelevantes en medio de aquel silencio.
—Los encontró uno de los jardineros.
—¡Pobre criatura!
—Fue bastante espantoso.
—Espantoso. SÃ… —Ella se habÃa erguido de nuevo—. ¡Pobre Denis! Tú no estabas allÃ… Tú no tuviste que…
—Tuve que verla. —Ella percibió el inmediato alivio en su voz. Ahora podÃa hablar, podÃa relajar sus nervios en el cálido abrazo de su comprensión—. Tuve que identificarla. —Se levantó intranquilo y comenzó a pasear por el cuarto—. Me quedé sin aliento. Yo… ¡Dios mÃo! Era imposible imaginar algo asÃ, ¿verdad? —Se detuvo delante de ella con las manos extendidas en afán explicativo—. Hice todo lo que pude. No es culpa mÃa, ¿verdad?
—¿Culpa tuya? ¡Denis!