Santuario
Santuario Peyton movió la cabeza con un impaciente gesto de negación:
—Si lo era, ¿por qué no lo demostró? No tenÃa la más mÃnima prueba. Los tribunales desestimaron su demanda.
—¿Entonces?
—Verás… Ha muerto. —Se detuvo brevemente y las palabras siguientes fueron surgiendo con cierta dificultad—. Ella y el niño.
—¿El niño? ¿HabÃa un niño?
—SÃ.
Kate empezó a decir algo, pero después se derrumbó. Las jóvenes no solÃan escuchar cosas semejantes. La confusa sensación de horror que la dominaba no era nada comparada con este primer afilado contacto con la realidad.
—¿Y han muerto los dos?
—SÃ.
—¿Cómo lo sabes? Mi padre dijo que esa mujer se habÃa ido. Que habÃa regresado al oeste.
—Eso creÃamos. Pero esta mañana la encontramos.
—¿La encontramos?
Él fue hacia la ventana:
—AllÃ. En el lago.
—¿A los dos?
—A los dos.