Santuario
Santuario —La habrÃa hecho muy infeliz, pero hay una diferencia.
SÃ. HabÃa una diferencia. Una diferencia que ninguna retórica podÃa disfrazar. El pecado secreto habrÃa hecho que la señora Peyton se sintiera muy desdichada, pero no la habrÃa matado. Ella habrÃa asumido exactamente el mismo punto de vista de Denis acerca de la flexibilidad de la expiación. HabrÃa aceptado el arrepentimiento personal como un digno sustituto de la expiación pública. Kate incluso podrÃa imaginársela extrayendo una «lección» del hecho providencial de que no hubieran descubierto a su hijo.
—Ya ves que no es tan sencillo —dijo él con un matiz de triste victoria en la voz.
—No. No es sencillo —admitió ella.
—Hay que pensar en los demás —continuó, afianzándose en su razonamiento al comprobar que ella se limitaba a asentir.
Kate no contestó y pasados unos segundos se levantó para irse. Hasta ese momento, retrospectivamente, podÃa seguir el curso de su conversación. Pero cuando, al irse, los razonamientos se convirtieron en súplicas y la renuncia en el ruego vehemente de que le diera al menos una nueva oportunidad, sus recuerdos se transformaban en una confusa amalgama de desolación y tan sólo recordaba que, mientras la puerta se cerraba, le prometió que volverÃa a verle una vez más.