Santuario
Santuario Él pensó en lo que acababa de escuchar durante un perceptible espacio de tiempo, antes de preguntar lentamente:
—¿Quieres decir que me abandonarás si no hago esa locura que me propones?
Ella, a su vez, permaneció también en silencio un instante:
—No —dijo—. No deseo sobornarte. Debes sentir tú mismo la necesidad de hacerlo.
—¿La necesidad de proclamar todo esto en público?
—SÃ.
Él se sentó con la mirada perdida.
—Por supuesto, comprendes lo que significarÃa hacer algo asà —dijo finalmente.
—¿Para ti? —preguntó ella.
—Dejemos eso a un lado. Para los demás. Para ti. TendrÃa que ir a la cárcel.
—Supongo que sà —dijo ella simplemente.
—Pareces asumirlo con mucha facilidad. Me temo que mi madre se lo tomarÃa de otra forma.
—¿Tu madre? —Esto produjo el efecto que él habÃa esperado.
—No habÃas pensado en ella, por lo que veo. Algo asà probablemente la matarÃa.
—¡También la matarÃa pensar que fuiste capaz de hacer lo que has hecho!