Santuario
Santuario Tras haber hecho preparar y enviar el caldo de carne, se entregó a una vigilia que contrastaba melancólicamente con la de la noche anterior. Entonces se había dejado atrapar por los estrechos límites de sus intereses maternos, pero ahora las barreras del yo se habían venido abajo y sus preocupaciones personales se veían arrastradas por la corriente de una compasión mucho más amplia. Mientras estaba allí sentada, al amparo del anillo de luz de la misma lámpara que durante tantas noches les había mantenido a Dick y a ella en un embelesado halo de ternura, vio que su amor por su hijo se había convertido en una especie de egoísmo desproporcionado. El amor la había empequeñecido en lugar de engrandecerla, había vuelto a erigir entre ella misma y la vida los mismos muros que, muchos años atrás, tuvo que derribar con dedos ensangrentados. Resultaba horrible, cómo había llegado a sacrificarlo todo por el único empeño de obtener lo mejor para su hijo…