Canto a mi mismo
Canto a mi mismo La mosca que se posa en tu frente es ya una explicación;
y una gota de agua
y el movimiento de las olas… una clave.
La mandarria,
el remo,
y el serrucho
secundan mis palabras.
Me explico mejor con los niños y los vagabundos
que en las aulas y en las escuelas cerradas.
Aquel mecánico joven está cerca de mi corazón y me conoce bien.
El leñador que lleva consigo el hacha y el cantarillo me lleva también todo el día con él,
el gañán que ara la tierra se alegra con el sonido de mi voz
y mis palabras navegan con los que navegan:
con los pescadores
y con los marineros.
Mío es el soldado acampado
y el que suda y jadea en las marchas forzadas.
En la noche que precede a la batalla,
en esa noche solemne que puede ser la última,
los que me conocen me llaman
y mis palabras no los abandonan.
Mis labios rozan el rostro del cazador que descansa solo sobre la manta,