Canto a mi mismo
Canto a mi mismo A mÃ, que todo me preocupa, no me preocupa Dios.
No me preocupan ni Dios ni la muerte.
Yo oigo y veo a Dios en todas las cosas, pero no lo comprendo,
como no comprendo que haya nada en el mundo más admirable que yo.
¿Por qué voy a empeñarme en que Dios sea otra cosa mejor que este dÃa?
En cada hora hay algo de Dios
y en cada minuto también.
En el rostro de las mujeres
y en el rostro de los hombres está Dios,
y en mi propio rostro lo veo también cuando me miro al espejo.
Encuentro cartas de Dios en la calle,
cartas firmadas con su nombre
y no las recojo porque sé que en cualquier sitio encontraré otras semejantes.
Miles y miles me saldrán al paso, puntuales, por donde quiera que camine.
Y en cuanto a ti, Muerte,
y a tu amargo abrazo destructor…
es inútil que pretendas asustarme.
A tu lado trabaja sin cesar, y más ligero, el comadrón.
Veo su mano experta y diligente
apretando,
