Canto a mi mismo
Canto a mi mismo recibiendo,
sosteniendo…
Yo estoy reclinado en el umbral flexible de ambas puertas y marco la entrada y la salida de la vida.
Y ¿qué es un cadáver, después de todo?
Estiércol,
buen estiércol para fecundar las tierras.
Y no me repugna,
no me repugna porque puedo oler las rosas blancas que crecen y embalsaman,
porque puedo tocar los labios de los pétalos
y los senos pulidos del melón.
Y en cuanto a la Vida…
¿No es la vida el desperdicio de muertes infinitas?
(Yo mismo he muerto ya mil veces).
¿Qué decís vosotros? ¿Qué decís
soles profundos,
estrellas de la noche,
hierba de las tumbas? — ¡Oh cambios perpetuos y evoluciones incesantes!
Si vosotros no decís nada ¿qué he de decir yo?
Destellos del día y del crepúsculo,
destello de las turbias charcas que duermen en los bosques otoñales,
y de la luna que desciende y se hunde en la penumbra sollozante,