Canto a mi mismo
Canto a mi mismo caed sobre los negros troncos que se pudren en el fango
y sobre las ramas secas que danzan gemebundas.
Asciendo desde la noche
y me encumbro desde la luna.
Sé que su resplandor lÃvido y vacilante no es más que el reflejo de los rayos del sol
y que yo, viniendo de lo grande o de lo pequeño, desemboco en el centro firme del universo.
Todo esto está en mÃ.
No sé lo que es, pero sé que está en mÃ.
Angustiado me he retorcido por sacar de mi corazón todo cuanto poseÃa…
Ahora mi cuerpo está tranquilo y quiero dormir… dormir… dormir.
No sé qué es esto.
Es algo que no se ha dicho nunca…
Algo sin nombre que aún no está en el lenguaje ni en el sÃmbolo.
Es algo que gira más que la Tierra en que yo giro
y me anuncia que la creación es el abrazo del amante que nos despierta.
Tal vez pudiera decir más.
Acaso este poema no es sino un expediente en que he abogado por todos…
en el que he dicho, por ti y por mÃ,
que la muerte no existe,
