Canto a mi mismo
Canto a mi mismo Con las piernas cruzadas voy sintiendo el traqueteo de las ruedas,
luego doy un brinco, recojo el trébol y, hecho una pelota, ruedo con el cuello enmarañado y cubierto de paja.
Me voy solo de caza por los montes lejanos y solitarios,
camino asombrado de mi ligereza y mi alegría…
Al caer la tarde busco un sitio seguro donde pasar la noche,
enciendo una hoguera,
aso la pieza que acabo de cobrar
y me duermo sobre un montón de hojas secas, con el perro y la escopeta a mi lado.
El cliper yanqui con su altivo tajamar corta la espuma y se desliza rápido por el agua.
Mis ojos buscan la tierra:
me inclino sobre la proa
o grito gozosamente desde la cubierta.
Los pescadores de almejas se levantaron al alba y esperaron a que yo llegase.
Me recogí los pantalones sobre los tobillos y me fui con ellos.
¡Fue un gran día!
Si hubieses venido conmigo, habrías comido sancocho de almejas.
He estado en la boda de un armador de trampas.
