Canto a mi mismo
Canto a mi mismo Ningún guardián puede cerrarme el paso
y ninguna ley retenerme.
Anclo mi barco un momento nada más
y mis heraldos van y vienen sin descanso para enterarme de todo.
Voy en busca de pieles hasta el polvo y cazo la foca,
salto abismos con una garrocha de punta ferrada
y colgado de una cuerda desciendo desde el picacho.
Subo al trinquete
y en la noche hago guardia en el «nido del cuervo».
Caminamos por el Mar Ártico.
Aún tenemos bastante luz.
Claro es el aire y puedo ver asombrado el prodigioso espectáculo que me rodea.
Pasan enormes masas de hielo
y allá lejos se yerguen las crestas blancas de los montes que prenden mi ilusión.
Nos acercamos a un gran campo de batalla donde en seguida tendremos que luchar.
Nos deslizamos sigilosos y callados por la imponente vanguardia del ejército…
Ahora entramos por los suburbios de una inmensa ciudad derruida…