Canto a mi mismo
Canto a mi mismo Los muros desplomados y la arquitectura rota conmueven más que todas las ciudades vivas de la Tierra.
Soy un camarada liberal.
Y acampo con todos junto a las hogueras del vivac.
Arrojo del lecho al desposado
y me acuesto con su mujer.
Toda la noche la sostengo entre mis piernas y mis labios.
Mi voz es la voz de la esposa.
Suben gritos por el barandal de la escalera.
Vienen a buscar mi cuerpo de hombre goteante y ahogado.
Comprendo el gran corazón de los héroes.
El valor de hoy
y el valor de todos los tiempos.
Éste es el patrón de una lancha. ¡Miradlo!
Cuando divisó aquel pailebot a la deriva, sin timón en la tormenta, y al que casi cazaba la muerte, se pegó a su costado y lo siguió fiel tres días y tres noches sin ceder una pulgada;
escribió con tiza en grandes letras, sobre un tablón estas palabras: ¡Ánimo, no os abandonaremos!
Lo salvó.
Aún veo a las mujeres esqueléticas, con sus ropas holgadas, descender como espectros que salen de las tumbas,
los rostros mudos y avejentados de los niños