Canto a mi mismo
Canto a mi mismo Cuando quedaron sin coronel y sin pertrechos izaron la bandera blanca, accedieron a capitular honrosamente…
Llegó un pliego sellado,
entregaron las armas…
y marcharon a la zaga del ejército triunfal como prisioneros de guerra.
Eran la gloria de los Guardias Montañeses,
los primeros en domar potros
y en manejar el rifle…
Los primeros en el festín, en la canción y en el amor.
Eran fuertes,
inquietos,
generosos,
bellos,
altivos,
enamorados,
de rostro hirsuto y requemado por el sol.
Vestían el traje amplio de los cazadores
y ninguno tenía más de treinta años.
Comenzaba el verano, glorioso,
y un domingo, de madrugada,
los sacaron de la prisión para asesinarlos en pelotones.
Ninguno quiso arrodillarse.
Algunos se rebelaron desesperados y enloquecidos,