Hojas de hierba
Hojas de hierba Ni comprendo cómo pueda existir algo más prodigioso que yo mismo.
¿Por qué desearía yo ver a Dios mejor que en este día?
Algo veo de Dios en cada hora de las veinticuatro y en cada uno de sus minutos,
En el rostro de los hombres y de las mujeres veo a Dios, y en mi propio rostro en el espejo;
Encuentro cartas de Dios tiradas por la calle y su firma en cada una,
Y las dejo donde están porque sé que dondequiera que vaya
Otras llegarán puntualmente.
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Y en cuanto a ti, Muerte, y a ti, amargo abrazo mortal, es inútil que trates de asustarme.
Sin vacilar llega el partero para cumplir su obra,
Veo su diestra mano que oprime, recibe, sostiene,
Y me inclino al borde de las exquisitas puertas flexibles,
Y observo la salida y observo la liberación y el alivio.
Y en cuanto a ti, Cadáver, pienso que eres un buen abono, pero eso no me desagrada,