Hojas de hierba
Hojas de hierba No se apresuran, cada uno golpea a su turno.
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El negro sujeta con firmeza las riendas de sus cuatro caballos y el tirante cuelga de la cadena,
Firme y alto guía el carro de la cantera y se sostiene con un pie en el estribo,
Su camisa azul descubre el amplio cuello y el pecho y cae sobre el cinturón,
Su mirada es tranquila e imperiosa, se echa para atrás el chambergo y descubre la frente,
El sol da en su bigote y en su pelo ensortijado, y en la negrura de sus miembros pulidos y perfectos.
Miro a este gigante pintoresco y lo quiero, y no me detengo ahí,
Voy con los caballos también.
Hay en mí alguien que acaricia la vida dondequiera que esté; miro hacia atrás y hacia adelante,
Me inclino ante los nichos olvidados y ante mis inferiores sin omitir a persona u objeto alguno,
Absorbiendo todo para mí y para este canto.
Bueyes que agitáis el yugo y la cadena o estáis inmóviles bajo la sombra de las hojas, ¿qué expresan vuestros ojos?
Expresan más que todos los libros que he leído en mi vida.
En esas largas caminatas que duran todo el día mis pasos espantan a los patos y a los gansos,