Voraz como el mar
Voraz como el mar El Hechicero viró bruscamente, deslizándose a escasos metros del casco del carguero. Las olas explotaron contra el acero cuando pasaron por la mÃnima franja de agua libre. Un error de cálculo y habrÃan terminado en el fondo del mar.
El carguero se perdió en la tormenta. Duncan no volvió a transmitir.
Pero Berg no tenÃa tiempo de celebrar.
En el horizonte, entre la furia de las olas y el hielo flotante, apareció la silueta del Golden Adventurer .
HabÃan llegado.
El Golden Adventurer se alzaba entre los témpanos, su casco golpeado por la tormenta, su estructura crujiente como si el mar intentara devorarlo. A bordo, seiscientas almas aguardaban un milagro. Y Nicholas Berg estaba allà para dárselo.
—¡Comunicación con el Golden Adventurer , capitán! —gritó el operador de radio.
—Pónmelo.
La voz del capitán del trasatlántico, Paul Morris, sonó entrecortada por la interferencia.
—¡Gracias a Dios! CreÃmos que nos habÃan dejado por muertos.
—No mientras yo siga respirando —respondió Berg—. ¿Estado del barco?
