Voraz como el mar
Voraz como el mar El Hechicero rugió al aumentar la velocidad. Si Duncan querÃa una guerra, la tendrÃa.
El Hechicero avanzaba con la furia de un animal herido. Nicholas Berg sabÃa que habÃa cruzado una lÃnea de la que no habÃa vuelta atrás. Duncan Alexander no era solo un enemigo: era un depredador, un hombre que jugaba con la vida de otros como si fueran piezas en su tablero. Y ahora, con su amenaza sobre el Golden Adventurer , la partida se volvÃa mortal.
El radar emitió un pitido agudo.
—¡Contacto a estribor! —gritó Allen—. ¡Es un barco!
Berg se inclinó sobre la consola. El reflejo de la tormenta en el agua lo hacÃa difÃcil de ver, pero estaba ahÃ. Un carguero viejo, sin luces de identificación. Y lo peor: estaba directamente en su ruta.
—Duncan… —murmuró Berg.
—Nos está bloqueando el paso —confirmó Vinny Baker—. Si seguimos a esta velocidad, impactaremos en menos de dos minutos.
—Si reducimos, nos encierran.
El operador de radio giró en su silla.
—Señor, están transmitiendo un mensaje.
—Ponlo en altavoces —ordenó Berg, aunque ya sabÃa lo que vendrÃa.