De profundis y otros escritos de la carcel
De profundis y otros escritos de la carcel Creo que si reconsideras lo que hiciste con la asignación de tu madre y con mis ingresos no encontrarás motivos para sentirte orgulloso y tal vez puedas algún día, si no le enseñas esta carta, explicarle que lo de vivir a mi costa fue algo que nunca me consultaste. Sólo era la forma peculiar, y para mí muy desagradable, que adoptó la devoción que me profesabas. Pensabas que depender de mí para todos los gastos grandes y pequeños te prestaba un encanto infantil y que al insistir en que te pagara todos los caprichos habías encontrado el secreto de la eterna juventud. Admito que me duele saber lo que dice tu madre de mí, y estoy seguro de que, si lo piensas, coincidirás conmigo en que, si no es para lamentar o compadecerse de la ruina que tu familia ha ocasionado a la mía, haría mejor en guardar silencio. Por supuesto, no es necesario que le enseñes la parte de esta carta en la que hablo de mi evolución espiritual y del punto de partida que espero alcanzar. No le interesaría. Pero, yo en tu caso, le dejaría leer los párrafos que se refieren a tu vida.