De profundis y otros escritos de la carcel
De profundis y otros escritos de la carcel En lo que respecta a la forma de copiar la carta, por supuesto es demasiado larga para que cualquier amanuense lo intente, y tu caligrafÃa, querido Robbie, en tu última carta parece especialmente concebida para recordarme que la tarea no te corresponde. Tal vez me equivoque, y espero que asà sea, pero realmente es como si estuvieras dedicado a escribir una novela en tres volúmenes sobre la peligrosa prevalencia de las opiniones comunistas entre los ricos, o algún tema espantoso de vital importancia, o desperdiciando de alguna otra manera una juventud que no puedo evitar decir que siempre ha sido, y seguirá siendo siempre, bastante prometedora. Creo que lo único que hay que hacer es ser plenamente moderno: que la mecanografÃen. Por supuesto, el manuscrito no deberÃa estar fuera de tu control, pero ¿podrÃas pedirle a la señorita Marshall[3] que mande a una de sus mecanógrafas —las mujeres son más de fiar, ya que no recuerdan lo importante— a Hornton Street o Phillimore Gardens[4] para que lo haga bajo tu supervisión? Te aseguro que la máquina de escribir, si se utiliza con gracia, no es más molesta que el piano tocado por una hermana o un pariente cercano. De hecho, muchos de los amantes de la vida doméstica lo prefieren.