De profundis y otros escritos de la carcel
De profundis y otros escritos de la carcel A decir verdad, Robbie, la vida carcelaria hace que uno vea a la gente y las cosas como son en realidad. Por eso le vuelve a uno como una piedra. Es la gente de fuera la que se deja engañar por la ilusión de una vida en constante movimiento. Da vueltas alrededor de la vida y contribuye a su irrealidad. Los que estamos inmóviles vemos y sabemos al mismo tiempo. Al margen de si la carta le hace bien o no a su limitada naturaleza y su agitada cabeza, a mí me ha hecho mucho bien. He «limpiado el pecho prieto de la dañosa flema»,[9] tomando prestado un verso del poeta al que tú y yo antaño pensábamos en rescatar de los filisteos.[10] No hace falta que te recuerde que para un artista la mera expresión es la suprema y única forma de vida. Vivimos gracias a que expresamos. De las muchas, muchísimas cosas que tengo que agradecer al director, no estoy tan agradecido por ninguna como por su permiso para escribir a mis anchas a A. D. y tan extensamente como quisiera. Durante casi dos años tenía en mi interior una creciente carga de amargura, de la que me he despojado en gran medida. Al otro lado del muro de la cárcel hay unos pobres árboles manchados de hollín que están echando unos brotes de un verde casi chillón. Sé perfectamente lo que están experimentando. Están encontrando su expresión.