De profundis y otros escritos de la carcel
De profundis y otros escritos de la carcel Escribí al señor Holman para preguntarle si el divorcio no rompería el acuerdo matrimonial. Estaba seguro de que sí. No recibí respuesta alguna. Pero la adquisición de un librito de un chelín —nueve peniques al contado— titulado Every Man his Own Lawyer [Cada hombre, su propio abogado] hubiera informado a mis amigos de que cuando se acepta el divorcio, el acuerdo matrimonial se anula a no ser que se especifique lo contrario.
Por otra parte, hice saber a mis amigos que la única posibilidad de evitar el divorcio era ser condonado por mi esposa. Ahora me entero de que la condonación no significa nada cuando puede alegarse más de un delito. Mi abogado me dijo que era un lugar común en derecho, el tipo de cosa que hasta un ordenanza sabe. More Adey me escribe solemnemente que habrá que aportar los detalles y las fechas de cada delito por separado, ¡para que pueda preparar mi defensa!
En uno de sus poemas a María Estuardo, Swinburne le dice a su heroína:
¡Pero seguramente vos erais algo mejor
que inocente![17]