De profundis y otros escritos de la carcel
De profundis y otros escritos de la carcel y así, aunque el delito particular que precisa la ley no formó parte de mis perversidades pasionales, aun así eran perversidades; si no, ¿por qué estoy aquí? Tal vez para mis amigos sea un choque terrible pensar que yo tenía pasiones aberrantes y deseos perversos, pero si leen sobre historia descubrirán que no soy el primer artista desventurado, ni tampoco seré el último. Resulta infantil hablar de que yo pueda defender mi caso contra sir George Lewis. ¿Cómo puedo esperar que me crean respecto a un mero detalle? ¿Cuál es el límite del número de testigos que puede convocar? Ninguno. Él y Queensberry pueden barrer Piccadilly para encontrarlos. Monto en cólera cuando me hablan de las oportunidades que tendré de defenderme. ¿Qué sentido común tienen mis amigos para escribirme semejantes bobadas?