De profundis y otros escritos de la carcel
De profundis y otros escritos de la carcel En cuanto al dinero, hazle saber a Percy que gasté en y con A. D. más de cinco mil libras esterlinas en dos años y medio, tan sólo en gastos. No lo hice por placer. Me forzó. No recuerdo ni una sola ocasión, desde mayo de 1892 hasta abril de 1895, la fecha de mi arresto, en que A. D. tuviera dinero, fuera de su padre o de su madre. Acudía a mí para todo, y no es una exageración decir que desde que se afeitaba por la mañana hasta que tomaba un coche a medianoche, yo estaba obligado a pagar todos sus gastos del día. Se negaba a comer en casa e insistía en comer conmigo en los restaurantes más caros. Cada mañana llegaba a las doce, y prácticamente nunca me dejaba hasta después de medianoche. Para mí era ruinoso en todos los sentidos, pero no podía librarme de él. Explícale a Percy que jamás le di grandes sumas de dinero a su hermano. Su nombre apenas aparece en mi talonario de cheques. Si aparece es sólo porque cuando estaba lejos o en el extranjero solía extender cheques de su banco, donde su cuenta estaba siempre en números rojos, y entonces me enviaba un telegrama implorando que cubriera el descubierto ingresando en su cuenta la cantidad necesaria para que le abonaran el cheque. El verdadero gasto era mantenerlo, cosa que recaía por completo en mí.