De profundis y otros escritos de la carcel

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Por consiguiente, el niño, al ser alejado de sus padres por gente que no había visto nunca y de quien no sabe nada, y al encontrarse en una celda solitaria y desconocida, atendido por caras desconocidas, y recibiendo órdenes y castigos de los representantes de un sistema que no puede entender, se convierte en una víctima inmediata de la primera y más destacada emoción que produce la vida carcelaria moderna: la emoción del terror. El terror de un niño en una cárcel es casi ilimitado. Recuerdo que en una ocasión, en Reading, mientras yo salía a hacer ejercicio, vi en la celda opuesta a la mía, apenas iluminada, a un niño pequeño. Dos celadores —no del todo antipáticos— estaban hablando con él, con cierta severidad, al parecer, o tal vez dándole consejos sobre su conducta. Uno estaba en la celda con él y el otro estaba de pie fuera. El rostro del niño era como una lámina blanca de puro terror. En sus ojos había el terror de un animal cazado. A la mañana siguiente, a la hora del desayuno, le oí llorar y suplicar que le dejaran salir. Llamaba a sus padres. De vez en cuando oía la voz grave del celador de guardia diciéndole que se callara. Sin embargo, ni siquiera le habían declarado culpable por la ofensa menor de la que estaba acusado. Simplemente estaba en prisión preventiva. Lo supe porque vestía su propia ropa, que parecía bastante limpia. No obstante, llevaba calcetines y zapatos de preso. Eso demostraba que era un niño muy pobre, cuyos zapatos, suponiendo que tuviera, estaban en mal estado. Los jueces y los magistrados, que por regla general son una clase absolutamente ignorante, a menudo detienen a un niño durante una semana, y luego quizá remiten la sentencia que tienen derecho a imponerle. A eso lo llaman «no mandar a un niño a la cárcel». Por supuesto, es una postura estúpida por su parte. Para un niño pequeño, estar en la cárcel, sea detenido o una vez condenado, no es una sutileza de posición social que pueda comprender. Para él, lo horrible es estar ahí. A ojos de la humanidad, debería ser algo horrible que estuviera ahí.


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