De profundis y otros escritos de la carcel
De profundis y otros escritos de la carcel Tenía la intención, por supuesto, de escribirle en cuanto hubiera llegado sano y salvo a suelo francés, para expresarle, aunque de forma inapropiada, mis verdaderos sentimientos respecto a lo que debe permitirme que denomine no sólo sincera, sino afectuosa gratitud hacia usted por su amabilidad y delicadeza conmigo en la cárcel, y por ocuparse tanto de mí al final, cuando yo estaba perturbado y en un estado de terrible excitación nerviosa. No debe molestarle que emplee la palabra «gratitud». Solía considerar la gratitud una carga que soportar. Ahora sé que es algo que vuelve el corazón más ligero. El hombre ingrato es el que camina despacio con los pies y el corazón de plomo. Pero cuando uno conoce la extraña alegría de la gratitud hacia Dios y los hombres, la vida en la tierra le resulta más hermosa, y es un placer sumar no la propia riqueza, sino las deudas, no lo poco que se posee, sino lo mucho que se debe.