De profundis y otros escritos de la carcel
De profundis y otros escritos de la carcel No obstante, me abstuve de escribirle porque me perseguÃan los recuerdos de los niños y del desdichado chico de pocas luces que fue azotado por órdenes del médico. No podrÃa haberlos pasado por alto en mi carta, y mencionárselos podrÃa haberle puesto en una posición difÃcil. En su respuesta, tal vez hubiera usted expresado comprensión por mis opiniones —eso creo— y luego, al aparecer mi carta pública, tal vez se hubiera sentido usted como si yo, de manera poco generosa o irreflexiva, me hubiera procurado su opinión privada sobre cuestiones oficiales, a modo de corroboración.
Deseaba hablarle de estas cosas la tarde de mi partida, pero sentà que en mi posición de preso habrÃa sido incorrecto por mi parte, y que le pondrÃa o le podrÃa poner en una posición difÃcil más adelante, asà como entonces. Sé que se ha publicado mi carta por un telegrama de mi amigo el señor Ross, pero espero que haya aparecido completa, ya que traté de expresar mi aprecio y admiración por su espÃritu humano y su afectuoso interés por todos los presos a su cargo. No deseaba que la gente pensara que se habÃa hecho alguna excepción especialmente conmigo. El trato excepcional que recibà fue por orden de los inspectores. Usted me trató con la misma amabilidad con que trataba a todo el mundo. Por supuesto, yo hice más peticiones, pero creo que realmente tenÃa más necesidades que los otros, y a menudo carecÃa de su jovial aquiescencia.