De profundis
De profundis era, por supuesto, un ideal que en aquella época no podÃas apreciar, pero ese despilfarro fue una vergüenza para los dos. Una de las comidas más deliciosas que recuerdo la hicimos Robbie y yo en un cafetillo del Soho, y vino a costar en chelines lo que costaban en libras las comidas que yo te daba. De aquella comida con Robbie salió el primero y mejor de todos mis diálogos. Idea, tÃtulo, tratamiento, tono, todo salió con un cubierto de tres francos y medio. De las comidas desenfrenadas contigo no queda más que el recuerdo de haber comido demasiado y bebido demasiado. Y el ceder yo a tus demandas era malo pa-ra ti. Eso lo sabes ahora. Te hacÃa a menudo codicioso; a veces no poco desaprensivo; insolente siempre. En demasiadas ocasiones habÃa muy poca alegrÃa, muy poco privilegio en invitarte. Olvidabas, no diré la cortesÃa formal de dar las gracias, porque las cortesÃas formales no van bien con una amistad estrecha, sino simplemente la elegancia de la compañÃa cordial, el encanto de la conversación agradable, el rEpirvóvxaxóP, que decÃan los griegos, y todas esas delicadezas amables que embellecen la vida, y que son un acompa-