El abanico de Lady Windermere
El abanico de Lady Windermere MISTRESS ERLYNNE.- No importa. Tomaré uno de alquiler... Ahora sà que no tengo más remedio que irme, mi querida lady Windermere. ( Dirigiéndose hacia el centro de la escena.) ¡Ah, se me olvidaba! Va usted a encontrarme un poco absurda; pero el caso es que me he encaprichado por ese abanico que impensadamente me llevé anoche. ¿TendrÃa usted inconveniente en dármelo como recuerdo? Sé que es un regalo de lord Windermere; pero éste me ha asegurado que usted no tendrÃa inconveniente.
LADY WINDERMERE. - ¡Oh! Claro que no; encantada. Pero tiene pintado mi nombre: Margarita.
MISTRESS ERLYNNE. - Como nos llamamos lo mismo...
LADY WINDERMERE.- Es verdad; lo olvidaba.
Pues nada, lléveselo usted. ¡Qué casualidad que nos llamemos lo mismo!
MISTRESS ERLYNNE. - SÃ, una casualidad. Gracias... Siempre que lo vea pensaré en usted.
( Apretón de manos. Entra PARKER.) PARKER.- ¡Lord Augusto Lorton! El coche de mistress Erlynne acaba de llegar.
AUGUSTO. - ( Entrando.) ¡Buenos dÃas, querido!
¡Buenos dÃas, lady Windermere! ( Viendo a MISTRESS ERLYNNE.) ¡Mistress Erlynne!
MISTRESS ERLYNNE.- ¿Qué tal, lord Augusto?
¿Sigue usted bien?