El abanico de Lady Windermere
El abanico de Lady Windermere Prométame que lo ocurrido anoche será siempre un secreto entre ambas. Usted no debe traer ningún sufrimiento a la vida de su marido. ¿Para qué corromper su amor? No, usted no debe hacerlo. ¡Si usted supiera lo fácilmente que se mata el amor!
Deme usted su palabra, lady Windermere, de que no se lo dirá nunca. ¡Se lo suplico!
LADY WINDERMERE.- ( Inclinando la cabeza.) ¡Hágase como usted quiera! ¡Es su voluntad, y no la mÃa!
MISTRESS ERLYNNE. - SÃ, es mi voluntad. Y no se olvide nunca de su hijo... Me gusta verla a usted de madre; y saber que lo es usted tan de veras.
LADY WINDERMERE.- ( Levantando los ojos.) Y
cada vez lo seré más. Sólo una vez en mi vida me he olvidado yo de mi madre... ¡y fue anoche! ¡Ah! Si yo me hubiera acordado de ella, no habrÃa hecho el disparate, la locura que hice.
MISTRESS ERLYNNIE. - (Con leve temblor.)
¡ Chis!... ¿Quién se acuerda ya de anoche?
LORD WINDERMERE.- ( Entrando.) TodavÃa no ha vuelto su coche, mistress Erlynne.