El abanico de Lady Windermere
El abanico de Lady Windermere AUGUSTO le coge de un brazo y le lleva un poco aparte.
Habla de prisa y en voz baja. LADY WINDERMERE
les observa, en pie, pálida de emoción. ) Sí, querido, me lo ha explicado todo. Todos hemos sido horriblemente injustos con ella. Figúrate que precisamente fui yo la causa de que ella fuera a casa de Darlington. Llamó primero al club queriendo sacarme de la incertidumbre en que yo me encontraba... y habiéndole dicho que había salido...
me siguió y.... asustada, como es natural, al oír entrar a tanta gente.... pues claro, se retiró a otra habitación... Ya ves que la cosa no puede ser más satisfactoria para mí. Nos hemos portado con ella lo mismo que unos patanes. ¡Ah, ésa es la mujer que a mi me convenía! ¡Ni hecha de encargo! La única condición que impone es que vivamos siempre fuera de Inglaterra. ¡Figúrate, qué más quiero yo!
Precisamente estaba harto de esos malditos clubs, de este maldito clima, y de esta condenada cocina inglesa... Sí, hasta la coronilla estaba ya de todo ello.
LADY WINDERMERE. - ( Trémula, acercándose y decidiéndose a preguntar. ) ¿De modo que mistress Erlynne?...