El abanico de Lady Windermere
El abanico de Lady Windermere LORD DARLINGTON. - Prefiero no hacerlo, duquesa. Hoy dÃa ser comprensible es una falta de habilidad. A los pies de usted, duquesa. ( Besando la mano DUQUESA.) Y ahora, lady Windermere, hasta la vista. ¿Tiene usted inconveniente en que venga esta noche? ¡Déjeme usted venir!
LADY WINDERMERE. - Venga usted, si quiere con la condición de que no dirá a nadie tonterÃas que no siente.
LORD DARLINGTON.- ( Sonriendo.) ¡Ah, empieza usted a corregirme! Cosa muy peligrosa, lady Windermere, corregir a nadie. ( Se inclina y sale.)
DUQUESA. - ( Levantándose.) ¡Qué mala cabeza tan simpática! Me alegro que se haya ido. ¡Qué bonita está usted! ¿Dónde se hace usted los trajes?... Ah querida Margarita, debo decirle lo apenadÃsima que estoy por usted. ( Yendo hacia el sofá y sentándose en él con LADY WINDERMERE.) ¡Agatha, querida!
AGATHA- ( Levantándose.) ¿Qué, mamá?
DUQUESA. - ¿QuerrÃas ponerte a ver aquel álbum de fotografÃas que está allÃ?
AGATHA. - SÃ, Mamá. ( Se dirige a la mesa de izquierda.)
DUQUESA. - ¡Qué buena es! ¡Y tan aficionada a las fotografÃas de Suiza! Un gusto purÃsimo,