El abanico de Lady Windermere
El abanico de Lady Windermere LORD WINDERMERE. - Margarita, no sabes lo que dices. Estás hablando a tontas y a locas. No quiero discutir contigo; pero insisto en que invites a mistress Erlynne para esta noche.
LADY WINDERMERE.- ¡No haré semejante cosa!
LORD WINDERMERE.- ¿Te niegas?
LADY WINDERMERE.- ¡Resueltamente!
LORD WINDERMERE.- ¡Hazlo por mÃ, Margarita! ¡Te lo suplico otra vez! ¡Puede ser su salvación!
LADY WINDERMERE. - ¿Ya mà qué me importa?
LORD WINDERMERE. - ¡Qué duras sois las mujeres buenas!
LADY WINDERMERE.- ¡Y los hombres malos, qué blandos!
LORD WINDERMERE.- Cierto que ningún hombre puede ser bastante bueno para la mujer con quien se casa... Pero no vayas a imaginar que yo...
¡Oh! ¡La idea sola serÃa monstruosa!
LADY WINDERMERE.- ¿Y por qué ibas a ser tú diferente de los demás? He oÃdo decir que apenas hay un marido en todo Londres que no consuma su vida en alguna pasión vergonzosa fuera de su hogar.
LORD WINDERMERE.- Yo no soy uno de ellos.
LADY WINDERMERE.- ¿Y a mà quién me lo asegura?
LORD WINDERMERE.- Tu propio corazón.