El abanico de Lady Windermere
El abanico de Lady Windermere LORD WINDERMERE.- Te lo suplico. La gente puede hablar de ella lo que quiera, y asà lo hacen, en efecto; pero nadie sabe nada concreto en contra suya. Ella ha estado en varias casas... No en casas a que tú irÃas, desde luego; pero, al fin y al cabo, en casas adonde van muchas señoras de eso que llaman la buena sociedad. Pero esto no la satisface. Ella quiere que tú la recibas.
LADY WINDERMERE.- ¿Como un triunfo para ella, no es eso?
LORD WINDERMERE.- No; sino porque sabe que tú eres una mujer honrada.... y que si viene aquà una vez sola, esto podrá ayudarla a vivir más tranquila y feliz de lo que vive ahora. Te aseguro que no haré el menor esfuerzo por que vuelvas a recibirla. ¿Te negarás tú a ayudar a una mujer que trata de rehabilitarse?
LADY WINDERMERE. - ¡Me niego! Cuando una mujer está realmente arrepentida, no desea volver a la sociedad, que causó o vio su ruina.
LORD WINDERMERE.- ¡Te lo suplico!
LADY WINDERMERE. - ( Dirigiéndose hacia la puerta de la derecha.) Voy a vestirme para la cena, y te ruego que no vuelvas a hablarme de la cuestión esta noche. ( Volviéndose hacia él.) Tú te figuras, Arturo, que porque no tengo padre ni madre, estoy sola en el mundo, y que puedes tratarme como se te antoje.
Estás equivocado; yo también tengo amigos, muchos amigos.