El abanico de Lady Windermere
El abanico de Lady Windermere LORD WINDERMERE.- Tú no harás semejante cosa Margarita.
LADY WINDERMERE.- Tú no me conoces. ( Se dirige hacia la izquierda. Entra PARKER.) ¡Parker!
PARKER.-;,Qué manda la señora?
LADY WINDERMERE.- Comeré en mis
habitaciones. O, mejor dicho, no comeré. Procure usted que todo esté listo para las diez y media. Y
tenga usted cuidado, Parker, de pronunciar los nombres de los invitados con toda claridad. A veces habla usted tan de prisa que no le entiendo. Esta noche, a fin de no equivocarse, deseo oÃrlos claramente. ¿Me ha comprendido, Parker?
PARKER.- Perfectamente. Descuide la señora.
LADY WINDERMERE.- ¡Bien! ( Sale PARKER.) Arturo, si esa mujer viene aquÃ, te lo advierto...
LORD WINDERMERE. - ¡Nos perderás, Margarita!
LADY WINDERMERE.- ¿Nos? Desde este instante, mi vida está separada de la tuya. Pero si deseas evitar un escándalo, escribe inmediatamente a esa mujer diciéndole que le prohibo que venga aquÃ.
LORD WINDERMERE.- ¡Imposible!... ¡No puedo!... ¡Debe venir!
LADY WINDERMERE. - ¡Atente, entonces, a las consecuencias! ¡Tú lo habrás querido! ( Sale por la derecha.)
LORD WINDERMERE.- ( Llamándola.) ¡Margarita!