El abanico de Lady Windermere
El abanico de Lady Windermere MISTRESS ERLYNNE.- ¡Delicioso discurso! ¡Tan sencillo y tan sincero! Así deberían ser todos los discursos. Bueno; téngame usted el ramo mientras tanto. ( Se dirige hacia el salón de baile, del brazo de LORD
WINDERMERE.) ¡Hola, míster Dumby! ¿Cómo está usted? ¡Cuánto siento no haber estado en casa las tres últimas veces que fue usted! Venga a comer el viernes.
DUMBY.- ( Con gran mirada.) ¡Encantado! (LADY
PLYMDALE le lanza una mirada de indignación. LORD
AUGUSTO sigue a MISTRESS ERLYNNE y LORD WINDERMERE al salón de baile, con el ramo en la mano)
LADY PLYMDALE.- (A MÍSTER DUMBY.)
¡Embustero! ¡No se le puede a usted creer una palabra! ¿Por qué me dijo que no la conocía? ¿Qué significan esas tres visitas de que hablaba? Supongo que no tendrá usted la desfachatez de ir a comer allí el viernes, ¿eh?
DUMBY.- ¡Pero, mi querida Laura, ni que decir tiene!
LADY PLYMDALE. - ¡Todavía no me ha dicho usted cómo se llama! ¿Quién es?
DUMBY.- ( Tosiendo ligeramente y pasándose la mano por la cabeza. ) Una tal mistress Erlynne.
LADY PLYMDALIE.- ¿Esa mujer?...
DUMBY.- Sí; así la llama todo el mundo.