El abanico de Lady Windermere
El abanico de Lady Windermere LORD DARLINGTON.- Y yo la conozco a usted mal, o usted no es capaz de seguir viviendo con un hombre que la trata a usted así. ¿Qué vida sería la de usted a su lado? ¿No pensaría usted, acaso, que todo lo que decía era mentira? Sí, su misma mirada le parecería a usted falsa, y falsa su voz, y falsas sus caricias, y falso su amor. Él vendría a usted cuando estuviese cansado de las otras; y usted tendría que consolarlo. Vendría a usted cuando no estuviese consagrado a las otras; y usted tendría que hacerle la vida agradable. Tendría usted que ser la careta de su vida real, el manto que tapase su secreto.
LADY WINDERMERE.- Tiene usted razón.... una terrible razón... Pero ¿adónde volverme? Usted dije que quería ser para mí un verdadero amigo, Lord Darlington... Dígame usted: ¿qué debo hacer? Sea usted mi amigo en este momento.
LORD DARLINGTON.- Entre un hombre y una mujer no hay amistad posible. Hay amor, odio, pasión, pero no amistad. Yo la quiero a usted...
LADY WINDERMERE.- ( Poniéndose en pie) ¡No, no!
LORD DARLINGTON.- ¡Sí, yo la quiero a usted!