El abanico de Lady Windermere

El abanico de Lady Windermere

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(Cae sentada en una silla y queda unos momentos abismada en su meditación. Al fin, con un estremecimiento, se levanta y se envuelve de nuevo en su capa. ) ¡No, no! Me vuelvo a casa. Que Arturo haga de mí lo que quiera. No puedo aguardar aquí. Fue una locura el venir. ¡Debo irme! En cuanto a lord Darlington... ¡Ah!, ¿ahí está?

¿Qué hacer? ¿Qué decirle? ¿Se opondrá a que me vaya? ¡Qué horror! ¡Oh! ( Esconde el rostro entre las manos.)

( Entra MISTRESS ERLYNNE por la izquierda.) MISTRESS ERLYNNE.- ¡Lady Windermere!

(LADY WINDERMERE se estremece y levanta los ojos.

Luego retrocede, con un gesto de desprecio. ) ¡Gracias a Dios que he llegado a tiempo! ¡Es preciso que vuelva usted inmediatamente a casa de su marido!

LADY WINDERMERE. - ¿Preciso?

MISTRESS ERLYNNE. - ( Autoritariamente.) ¡Sí, preciso! No hay un segundo que perder. Lord Darlington puede volver de un momento a otro.

LADY WINDERMERE. - ¡No se acerque usted!

MISTRESS ERLYNNE.- ¡Ah! Está usted al borde de la ruina. A la orilla de un espantoso precipicio.

Es preciso que salga usted inmediatamente de aquí.

Abajo, en la esquina, tengo el coche. Venga usted conmigo. (LADY WINDERMERE se despoja de la capa, que tira sobre el sofá.) Pero, ¿qué hace usted?


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