El abanico de Lady Windermere
El abanico de Lady Windermere MISTRESS ERLYNNE.- ( Se estremece con un gesto de dolor. Luego se contiene y dirÃgese hacia donde está sentada LADY WINDERMERE. Al hablar, tiende las manos hacia ella, pero sin atreverse a tocarla.) Crea usted de mà lo que quiera. Yo no merezco un solo minuto de tristeza. ¡Pero no arruine usted su vida por mi causa! Usted no sabe lo que le reserva el Destino, si no sale usted inmediatamente de esta casa. Usted no sabe lo que es caer en el abismo, ser despreciada, abandonada de todos, convertirse en un objeto de burla... ¡Ser un paria! ¡Encontrar cerradas todas las puertas, tener que vivir casi a escondidas, temiendo que a cada momento le arranquen a una la careta; y mientras tanto, tener que estar oyendo de continuo la risa del mundo, una risa horrenda, mucho más trágica que todas las lágrimas! ¡Usted no sabe lo que es eso! ¡Paga una su pecado, y vuelve a pagarlo una y otra vez y toda la vida! Usted no debe conocer jamás esto... En cuanto a mÃ, si el sufrimiento es una expiación, pues bien, en este momento acabo de expiar todas mis faltas, por grandes que hayan sido.
Esta noche usted ha dado un corazón a quien no lo tenÃa... Lo ha dado, y lo ha roto... Pero ¿qué importa? Yo puedo haber arruinado mi vida; pero no le dejaré a usted que arruine la suya. Usted es todavÃa una niña, y se perderÃa. Usted no tiene el carácter que hace falta para poder volver atrás. No; usted no tiene ni la habilidad ni el valor necesarios.