El abanico de Lady Windermere
El abanico de Lady Windermere El corazón se resiente un poco, y temo enfermar de veras. Prefiero vivir en el Sur. Hay demasiadas nieblas en Londres y demasiada gente seria, lady Windermere. No sé si serán las nieblas lo que produce la gente seria, o la gente seria lo que produce las nieblas; pero el caso es que ambas me atacan los ner-vios. Esta misma tarde pienso salir de aquí.
LADY WINDERMFRE. - ¿Esta misma tarde? ¡Yo que deseaba tanto ir a verla a usted!
MISTRESS ERLYNNE.- Es usted muy amable..., pero no tengo más remedio que irme.
LADY WINDERMERE.- ¿Y no la volveré a ver a usted, mistress Erlynne?
MISTRESS ERLYNNE. - Temo que no. Nuestras vidas van por caminos muy distintos. Pero... quería pedirle a usted una cosa, lady Windermere. Me gustaría tener un retrato suyo... ¿Podría usted dármelo? No sabe usted cuánto se lo agradecería.
LADY WINDERMERE. - ¡Oh! Con mucho gusto.
Ahí, en esa mesa, hay uno. Voy a enseñárselo a usted. (Yendo hacia la mesa.)
LORD WINDERMERE.- ( Llegando hasta MISTRESS ERLYNNE y hablándole en voz baja.) Es inaudito que, después de lo ocurrido anoche, se atreva usted a venir aquí.
MISTRESS ERLYNNE. - ( Con una sonrisa regocijada.)