El abanico de Lady Windermere
El abanico de Lady Windermere LORD WINDERMERE. - Vino usted, y una hora después de salir de aquí, la encontraba en casa de un hombre... Está usted deshonrada a los ojos de todos.
MISTRESS ERLYNNE.- Cierto.
LORD WINDERMERE.- Por tanto, tengo derecho a considerarla a usted como lo que es..., una mujer indigna y viciosa. Tengo derecho a prohibirla que vuelva a poner los pies en esta casa ni a tratar de acercarse a mi mujer.
MISTRESS ERLYNNE.- A mi hija, quiere usted decir.
LORD WINDERMIERE.- No tiene usted ningún derecho a considerarla como hija. Usted la abandonó cuando estaba aún en la cuna; la abandonó usted para seguir a su amante, que a su vez la abandonó a usted más tarde.
MISTRESS ERRLYNNE. - ¿Recuerda usted eso en honor de él, lord Windermere..., o mío?
LORD WINDERMERE.- De él, ahora que la conozco a usted.
MISTRESS ERLYNNE.- Tenga cuidado... Va usted demasiado lejos.
LORD WINDERMERE.- ¡Oh! ¿A qué venir ya con eufemismos? La conozco a usted bien a fondo.
MISTRESS ERLYNNE. - Permítame usted que lo dude.