El Amigo fiel
El Amigo fiel -¡Ah, qué buen corazón tienes! -exclamó su mujer-; siempre estás pensando en los demás. Y no te olvides de llevar la cesta grande para las flores.
Asà es que el molinero sujetó las aspas del molino con una fuerte cadena de hierro y bajó la colina con la cesta al brazo.
-Buenos dÃas, pequeño Hans -dijo el molinero.
-Buenos dÃas -dijo Hans, apoyándose en su azada y sonriendo de oreja a oreja.
-¿Y cómo te ha ido en todo el invierno? -dijo el molinero.
-Bueno, verdaderamente -exclamó Hans-, eres muy amable al preguntármelo, muy amable, ciertamente.
A decir verdad, lo he pasado bastante mal, pero ya ha llegado la primavera y me siento completamente feliz, y todas mis flores van bien.
-Hemos hablado muchas veces de ti durante el invierno, Hans -dijo el molinero-, y nos preguntábamos cómo te irÃan las cosas.
-Habéis sido muy amables -dijo Hans-, casi temÃa que me hubieras olvidado.
-Hans, ¡me dejas sorprendido! -dijo el molinero-, la amistad nunca olvida. Eso es lo maravilloso que tiene; pero me temo que tú no entiendes la poesÃa de la vida. Y, a propósito, ¡qué hermosas están tus velloritas!