El Amigo fiel
El Amigo fiel -SÃ, están verdaderamente muy hermosas -dijo Hans-, y es una suerte para mà el tener tantas. Voy a llevarlas al mercado para vendérselas a la hija del burgomaestre, y asà con ese dinero volveré a comprar mi carretilla.
-¿Que volverás a comprar tu carretilla? ¿No querrás decir que la has vendido? ¡Qué cosa más tonta se te ha ocurrido hacer!
-Bueno, la verdad es que me vi obligado a hacerlo. Ya sabes, el invierno fue una temporada muy mala para mà y en realidad no tenÃa dinero para comprar pan. Asà que primero vendà los botones de plata de mi chaqueta de los domingos, y luego vendà la cadena de plata, y después vendà mi pipa grande, y por último vendà mi carretilla. Pero voy a volver a comprarlo todo ahora.
-Hans -dijo el molinero-, te voy a dar mi carretilla. No está en buen estado; a decir verdad, uno de los dos lados ha desaparecido, y algo no va bien en los radios de la rueda; pero a pesar de eso te la voy a regalar. Sé que soy muy generoso al hacer esto, y que mucha gente me creerÃa tonto de remate por desprenderme de ella, pero yo no soy como el resto del mundo. Creo que la generosidad es la esencia de la amistad, y, además, tengo una carretilla nueva. SÃ, puedes quedarte tranquilo, te daré mi carretilla.